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El bullying y la inconsciencia sobre el dolor

November 3, 2017

                             Foto sacada de: https://pixabay.com

 

Hola. Hoy quiero contarles una historia. Un relato de muchas caras pero de un solo protagonista, el dolor. Hoy voy a hablarles del bullying a través  de mi experiencia y de la experiencia de otros que como yo, por los motivos que sea, fueron objeto de burla y de agresiones por parte de sus compañeros, e incluso, de sus profesores en su época escolar. Es muy difícil describir cómo funciona o por qué ocurre el fenómeno del bullying. Sinceramente es algo sobre lo que he querido indagar porque me sorprende que siendo tan injusto con los niños y jóvenes que lo padecen y que genera rechazo por parte de la sociedad ocurra con tanta frecuencia y sea un tema que resulta incómodo de tratar y del que se habla en voz baja, un tabú. ¿Por qué? A algunas personas les parece vergonzoso decir que por culpa del matoneo se salieron de un colegio. Hay papás que prefieren esconder bajo llave la triste historia de un hijo o de una hija que padeció el rechazo y el desprecio de un grupo con el que seguramente tuvo que “convivir”, si cabe la palabra, durante toda su infancia y la mayor parte de su adolescencia. Pero lo más preocupante es que no parece haber conciencia del daño real que puede causar en una persona ese tipo de violencia física o psicológica y que probablemente le dejará secuelas durante el resto de su vida.

 

Como les dije no tiene que ver sólo conmigo… La historia puede ser la  del miedo de un niño antes de ir a dormir o cuando va en la ruta del colegio. Sabe que no más pasar la puerta del salón de clases va a oír las primeras burlas del día, unos cuantos insultos y tal vez reciba algunos golpes. Puede ser también la historia de una niña pelirroja con la que nadie se quiere meter porque una compañera llegó diciendo que “las pelirrojas son feas”: cualquier cosa por insignificante que parezca  puede volverse motivo de burla y generar dolor en la persona de la que se están burlando. Ahí está la trampa del bullying:  no se puede medir por la fuerza, el motivo de las burlas ni el calibre de los insultos. Con que genere algún tipo de sufrimiento, por tonta e inofensiva que parezca la ofensa, es razón suficiente para preocuparse. El bullying se puede ver reflejado en el joven que por su personalidad era más sensible que sus compañeros a las burlas, se ponía a llorar con frecuencia y en ocasiones llegaba a causarse daño a sí mismo, se golpeaba. Eso generaba placer en sus compañeros, por lo que lo molestaban constantemente. A los casos anteriores se les pueden sumar otros en los que los profesores, muchas veces sin quererlo, son los que hacen el bullying o los que lo propician. De eso podría hablar aquel muchacho al que una profesora de inglés después de hacerle una pregunta delante de sus compañeros, le dijo “responda lo que sea que de todas maneras lo va a hacer mal”.  Se podría añadir el hecho de la profesora que en vez de hablar con un estudiante para confirmar si su nota requería que él presentara un examen de recuperación, se puso a decirle a sus compañeros, a sus espaldas, que aparte de haber perdido la materia no había hecho la recuperación. Además de ser mentira (porque no había perdido la materia) suscitó toda clase de burlas e insultos por parte de sus compañeros.

 

Como las anteriores historias se pueden contar muchas más. Fueron situaciones reales que yo presencié o de las que me enteré porque me lo contaron los mismos que sufrieron el bullying en su época escolar.  Puedo decir, que con todos los hechos que acabo de contar me siento totalmente identificado porque si bien no me ocurrieron de esa misma forma y los agresores fueron otros, viví en carne propia el dolor y la impotencia de las burlas, el rechazo y el irrespeto al que es diferente. Y ahora que lo miro en retrospectiva me doy cuenta de que más allá de los bullies, las víctimas y los que observan el matoneo, la cuestión radica en que vivimos en una sociedad insensible ante el dolor del otro. A veces no nos damos cuenta de la repercusión que pueden tener nuestras acciones y nuestras palabras en las otras personas y les restamos importancia. Eso tiene que cambiar.  

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